La fotografía minutera es un oficio tradicional, que hasta hace no mucho se encontraba al borde de la extinción. En España es ejercido por unas pocas personas que lo mantienen con no pocos esfuerzos. Su pervivencia y difusión forman parte de los objetivos principales de Papel salado.

Antaño presentes en todas las ciudades y pueblos de importancia, estos artesanos consiguieron que la gente de pocos recursos, que no podía pagar los servicios de un fotógrafo de estudio, también pudiese tener sus retratos en casa: fotografías tomadas en la calle, con cámaras construidas por ellos mismos, reveladas dentro de estas, entregadas en pocos minutos (de ahí su nombre), y por un precio asequible.

La magia del blanco y negro y del revelado analógico de la fotografía, que se realiza frente al público, constituye un espectáculo en sí mismo, y una experiencia única para la persona retratada, que recibe una imagen elaborada artesanalmente ante sus propios ojos; una experiencia singular en estos tiempos de predominio de lo digital, y que devuelve otra vez la materialidad a la fotografía.

El ejercicio de la fotografía de plaza, integrado en el contexto donde se realiza, no molesta al desarrollo de otras actividades, ni perjudica su visibilidad; debido a su genuino carácter de oficio “de los de antes”, pone una nota de autenticidad en todos aquellos eventos de raigambre tradicional y popular donde se desarrolla, tales como Ferias, Fiestas y Mercados.

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